Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la confederación SALUD MENTAL ESPAÑA ha puesto en marcha una nueva edición de la campaña #SaludMentalFeminista, una iniciativa que busca visibilizar cómo el estigma sigue afectando a la vida cotidiana y al ejercicio de derechos de las mujeres con problemas de salud mental.
La acción forma parte de un programa financiado por el ministerio de derechos sociales, consumo y agenda 2030 y se apoya en los resultados del estudio GEA, una investigación centrada en la gestión del empoderamiento y la accesibilidad a los derechos de mujeres y niñas con problemas de salud mental en España.
Los resultados del informe reflejan que el estigma continúa siendo una de las principales barreras para la plena participación social de este colectivo.
La campaña pretende sensibilizar sobre esta realidad y fomentar un cambio social que permita reducir la discriminación que todavía sufren muchas mujeres en diferentes ámbitos de su vida diaria.
Además, la iniciativa busca impulsar una mayor conciencia social sobre la necesidad de abordar la salud mental desde una perspectiva de género.
Un vídeo que refleja situaciones cotidianas
El eje central de la campaña es un vídeo de sensibilización que muestra diferentes escenas de la vida cotidiana en las que una mujer con problemas de salud mental se enfrenta a comentarios y actitudes estigmatizantes.
Las situaciones representadas se desarrollan en distintos entornos, como una comisaría, un centro de salud, un colegio o un entorno laboral.
En cada una de estas escenas se reflejan mensajes y comportamientos que muchas mujeres experimentan en su día a día.
La pieza audiovisual concluye con una escena simbólica en la que la protagonista escribe en un espejo la frase “no valgo para nada”.
Este gesto representa cómo el estigma social puede terminar interiorizándose y transformándose en autoestigma, afectando a la autoestima y a la percepción personal de las propias capacidades.
A través de esta narrativa, la campaña pretende mostrar las consecuencias psicológicas y sociales que puede tener la discriminación basada en la salud mental.
Reivindicación de políticas públicas con perspectiva de género
Además de sensibilizar a la sociedad, la iniciativa incluye una serie de reivindicaciones dirigidas a las administraciones públicas.
Desde la organización se reclama el desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género que tengan en cuenta las particularidades que afectan a las mujeres con problemas de salud mental.
También se subraya la necesidad de reforzar la formación específica para profesionales que trabajan en ámbitos como la sanidad, la justicia o los servicios sociales.
Otro de los objetivos es promover la creación de espacios institucionales libres de discriminación, donde las mujeres puedan ejercer sus derechos sin enfrentar prejuicios ni actitudes estigmatizantes.
La campaña incorpora además el manifiesto de la red estatal de mujeres de Salud Mental España, en el que se denuncia el estigma y el autoestigma como una forma de violencia que afecta a mujeres, niñas y adolescentes con problemas de salud mental.
Entre las demandas recogidas en este documento se incluyen la promoción de cambios sociales, la atención temprana y una mayor sensibilización sobre salud mental en el ámbito educativo.
El estigma como barrera estructural
Los datos del estudio GEA reflejan con claridad el alcance del problema.
Según la investigación, el 69% de las mujeres con problemas de salud mental considera que el estigma es uno de los principales obstáculos para satisfacer sus necesidades y ejercer plenamente sus derechos.
Esta percepción también es compartida por los profesionales del sector. El 83% de las personas encuestadas que trabajan en este ámbito coincide en señalar el estigma como una de las principales barreras para la inclusión social.
Dentro de este grupo, el 75% considera que el estigma asociado a la salud mental presenta un sesgo de género y afecta con mayor intensidad a mujeres, adolescentes y niñas.
El estigma se manifiesta de distintas formas. Entre ellas se encuentran la desinformación, el miedo a lo desconocido o el rechazo social hacia quienes experimentan problemas de salud mental.
También puede aparecer en el entorno más cercano, generando situaciones de aislamiento social.
En algunos casos, las mujeres perciben que no son consideradas una referencia de apoyo para otras personas debido a la idea de que podrían presentar una supuesta inestabilidad.
Este tipo de percepciones refuerza el sentimiento de exclusión y limita su participación en diferentes ámbitos sociales.
Discriminación en ámbitos sociales e institucionales
El informe también identifica situaciones de estigmatización dentro de espacios institucionales.
Entre las prácticas detectadas se encuentran la infantilización, el paternalismo, el cuestionamiento del relato de las mujeres o la existencia de diagnósticos condicionados por prejuicios de género.
Estas situaciones refuerzan lo que se conoce como doble estigmatización: por ser mujer y por tener un problema de salud mental.
Las mujeres con experiencia propia señalan que en ocasiones se ponen en duda sus vivencias o se minimizan sus malestares.
También describen dinámicas en las que cualquier emoción, comportamiento o actitud es atribuida a su problema de salud mental.
Una de las consecuencias de este contexto es la dificultad para acceder a determinados recursos.
Según el informe, el 31% de las mujeres con problemas de salud mental no accede a servicios especializados debido al estigma o a experiencias previas de discriminación.
Otro de los ámbitos donde se manifiesta esta discriminación es la maternidad.
Algunas mujeres denuncian que se cuestiona su capacidad para ejercer este rol por el hecho de tener un problema de salud mental.
Cuando el estigma se interioriza
El informe también analiza el impacto del autoestigma, es decir, cuando los prejuicios sociales terminan siendo interiorizados por las propias personas.
Este proceso puede llevar a cuestionar la propia percepción de la realidad y a desconfiar de las propias emociones o experiencias.
Escuchar constantemente mensajes negativos sobre la salud mental puede generar dudas sobre el propio malestar y reforzar una autopercepción negativa.
Los datos del estudio muestran que cerca del 70% de las mujeres encuestadas se preocupa por lo que otras personas puedan pensar de ellas.
Además, alrededor del 60% se siente insatisfecha con su apariencia física y el 55% afirma compararse con otras personas y sentirse insuficiente.
En paralelo, el 96% de los equipos profesionales consultados considera que el nivel de autoestima o autoconcepto de muchas de las mujeres con las que trabajan es bajo o muy bajo.
Sin embargo, el informe también identifica elementos positivos que evidencian el potencial de empoderamiento cuando existen apoyos adecuados.
Aproximadamente el 55% de las mujeres afirma valorarse a sí misma, cerca del 60% se siente capaz de afrontar nuevos desafíos y un porcentaje similar tiene claros sus objetivos vitales.
Además, alrededor del 80% considera que puede tomar decisiones por sí misma.
Estos datos reflejan que, cuando se generan entornos de apoyo y reconocimiento, es posible avanzar hacia procesos de fortalecimiento personal y autonomía.