La creciente demanda de atención en salud mental está poniendo a prueba la capacidad del sistema sanitario español. Los casos de ansiedad, depresión y conductas suicidas han ganado peso, pero el aumento de las necesidades asistenciales no se ha traducido en un crecimiento equivalente de profesionales e infraestructuras.
España cuenta con aproximadamente 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente a los 18-20 de media europea. La situación adquiere especial relevancia para la planificación sanitaria por la elevada proporción de especialistas mayores de 60 años. En los próximos años se prevé un importante volumen de jubilaciones.
La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) considera que los actuales recursos humanos y materiales no permiten absorber adecuadamente el crecimiento de la actividad. Su presidenta, Marina Díaz Marsá, reclama dimensionar los medios disponibles en función de la nueva realidad asistencial.
Una demanda que obliga a revisar los recursos disponibles
La presión no es exclusiva de España. Más de mil millones de personas en el mundo padecen algún trastorno mental, según datos de la Organización Mundial de la Salud recogidos por la SEPSM.
En España, el 29 % de la población presenta algún trastorno mental, con una presencia especialmente significativa de los cuadros de ansiedad y depresión. Ante este escenario, la organización profesional reclama aumentar el número de especialistas.
La disponibilidad futura de psiquiatras se convierte así en una cuestión relevante para la organización de los servicios. El aumento de la demanda coincide con una plantilla envejecida y con una ratio de profesionales inferior a la europea.
Los jóvenes concentran algunos de los principales retos
La situación entre niños y adolescentes preocupa especialmente a los profesionales. La depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento figuran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad durante esta etapa.
El Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 muestra que el 54,7 % de los jóvenes encuestados declaró haber experimentado algún problema psicológico, psiquiátrico o de salud mental durante el último año.
Además, un 42,8 % había recibido algún diagnóstico profesional a lo largo de su vida. Los más habituales eran ansiedad, pánico o fobias, con un 17,9 %, y depresión, con un 15,7 %.
Las autolesiones constituyen otro indicador relevante. Un 34,7 % aseguró haberse autolesionado alguna vez, mientras que un 6,8 % lo hacía de forma frecuente o continuada.
La soledad no deseada también tiene un peso considerable. Más del 87 % afirmó haberla experimentado durante el último año. Respecto a la ideación suicida, el porcentaje de jóvenes que reconocía haber tenido estos pensamientos alguna vez bajó al 43 %, desde el 48,9 % registrado en 2023. No obstante, un 7,6 % señaló experimentarlos con frecuencia.
Redes sociales y cannabis entran en el foco
La SEPSM también pone el acento en determinados factores vinculados al entorno de los adolescentes. Uno de ellos es el uso intensivo de las redes sociales.
Las plataformas pueden facilitar la conexión entre iguales y la exploración de intereses, pero también favorecen dinámicas de comparación permanente, búsqueda de aprobación, idealización corporal y miedo a quedar excluido. Estos efectos pueden resultar especialmente relevantes entre jóvenes que ya presentan problemas de ánimo o dificultades para regular sus emociones.
La organización también advierte sobre la banalización del cannabis. Su consumo frecuente o iniciado a edades tempranas se relaciona con mayores riesgos durante una etapa crítica de maduración cerebral.
La evidencia recogida por la SEPSM asocia su consumo durante la adolescencia con una mayor probabilidad de depresión y conductas suicidas posteriores, además de peor rendimiento académico, abandono escolar y dificultades de funcionamiento. También existen estudios que apuntan a un mayor riesgo de psicosis y a una aparición más temprana de trastornos psicóticos.
Innovación y ciencia abren una nueva etapa
La presión asistencial coincide con un periodo de profunda transformación para la psiquiatría. Existe una mayor conciencia social sobre la relevancia de la salud mental y sobre sus efectos en pacientes, familias y sociedad.
El sector también afronta el reto de diferenciar el malestar psicológico asociado a situaciones cotidianas de aquellos trastornos que realmente requieren intervención sanitaria.
Al mismo tiempo, los avances en neurociencia, psicofarmacología, psicoterapia, genética, tecnologías digitales e inteligencia artificial están ampliando las posibilidades de evolución de la especialidad.
Para la SEPSM, este progreso deberá ir acompañado de una dotación suficiente de recursos. El reto para el sistema sanitario será combinar innovación científica, capacidad asistencial y disponibilidad de profesionales ante una demanda que ya está modificando las necesidades de atención en España.