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El consumo de antibióticos sistémicos en salud humana en España se redujo un 5,1% durante 2025 respecto al año anterior. El dato sitúa el consumo total en 22,94 dosis diarias definidas por cada 1.000 habitantes y día (DHD), frente a las 24,26 DHD registradas en 2024. Así lo recoge el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps).

Este descenso supone recuperar la tendencia positiva que se venía observando antes de la pandemia de la Covid-19, periodo en el que el consumo de antibióticos había experimentado un repunte progresivo. Los niveles actuales se mantienen por debajo de los registrados en 2019, último año previo a la pandemia, con una reducción del 8,4%. El dato refuerza los avances logrados durante la última década en materia de uso prudente de estos medicamentos.

Una caída del 18,8% desde el máximo histórico

La perspectiva a largo plazo confirma la magnitud del cambio. Desde 2015, año en que se registró el mayor consumo de la serie histórica disponible, el uso total de antibióticos se ha reducido un 18,8%, pasando de 28,20 DHD a 22,94 DHD.

Aun así, España todavía tiene recorrido por delante. El objetivo marcado por la Unión Europea para 2030 se sitúa en 18,20 DHD, una meta que exigirá mantener el ritmo de reducción de los próximos años.

Por ámbitos asistenciales, la atención primaria continúa concentrando la mayor parte del consumo de antibióticos, mientras que el ámbito hospitalario mantiene un uso más estable a lo largo del tiempo.

Las penicilinas, motor principal del descenso

La caída registrada en 2025 se explica sobre todo por el menor uso de las penicilinas, el grupo de antibióticos más utilizado en España, que por sí solo representa más de la mitad del consumo global. El descenso también alcanzó a otros grupos de uso frecuente, como los macrólidos, las quinolonas y otros betalactámicos.

No todas las categorías siguieron esta línea descendente. Se observaron ligeros aumentos en grupos como las sulfonamidas, la trimetoprima o los aminoglucósidos, aunque su peso en el consumo global es menor.

Mejora en la calidad de la prescripción

Más allá del volumen total, los datos apuntan a un cambio cualitativo relevante. Según la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud, el uso de los antibióticos del grupo de acceso —los recomendados de forma preferente para infecciones comunes— aumentó un 1,6%. En paralelo, el consumo de los antibióticos del grupo de precaución, que requieren mayor cautela por el riesgo de generar resistencias, descendió un 2,8%.

Esta evolución refleja una prescripción más ajustada a las recomendaciones de uso prudente. Gracias a esta tendencia, España se acerca al objetivo fijado por la Unión Europea de alcanzar un 65% de consumo de antibióticos pertenecientes al grupo de acceso.

Qué hay detrás de la mejora

La evolución positiva responde a un conjunto de actuaciones coordinadas. Entre ellas destacan la consolidación de los Programas de Optimización del Uso de los Antibióticos (PROA), el impulso de las iniciativas de seguridad del paciente promovidas por la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, y la Guía Terapéutica Antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud.

A ello se suman las iniciativas orientadas a promover una prescripción basada en la evidencia científica, junto con campañas de sensibilización dirigidas tanto a profesionales sanitarios como a la ciudadanía en general.

Un objetivo de salud pública global

La reducción sostenida del consumo contribuye directamente a uno de los grandes retos sanitarios actuales: frenar la aparición y propagación de bacterias resistentes a los antibióticos, considerada una de las mayores amenazas para la salud pública a escala mundial.