El diseño de un hospital ya no puede abordarse solo desde criterios funcionales o estéticos. La configuración de los espacios sanitarios puede influir en la experiencia del paciente, el bienestar de los profesionales y determinados resultados asistenciales.
Esta visión sitúa la arquitectura salutogénica dentro de las decisiones que deben valorar los equipos directivos. Paula Gómez-Vela, arquitecta y doctora en Biomedicina especializada en arquitectura humanizada para la salud, ha analizado esta cuestión en el programa Microformación de la Fundación Española de Directivos de la Salud (SEDISA).
La especialista defiende que el diseño sanitario debe incorporar conocimientos de psicología ambiental y neurociencia. La naturaleza, la iluminación, el color o el silencio dejan así de ser elementos secundarios.
El entorno entra en la gestión sanitaria
La formación de la Fundación SEDISA pone el foco en una cuestión con implicaciones directas para los gestores: el espacio donde se presta la asistencia también puede formar parte del proceso terapéutico.
Joaquín Estévez, presidente de la Fundación SEDISA, vincula esta idea con la gestión. Invertir en espacios que cuiden a pacientes y profesionales supone una decisión con impacto potencial en los resultados de salud.
La propuesta pasa por tomar decisiones de diseño basadas en evidencia científica e integrarlas en la planificación de los centros.
Primero, detectar los riesgos del entorno
Gómez-Vela considera prioritario identificar los factores capaces de perjudicar a las personas, especialmente en edificios antiguos y unidades con pacientes vulnerables.
Entre los elementos a revisar aparecen la calidad del aire, los compuestos orgánicos volátiles, la temperatura, la humedad, la ventilación, la iluminación, los reflejos, los deslumbramientos y la ergonomía. En las zonas situadas en sótanos también deben analizarse los niveles de radón.
La normativa permite establecer unas condiciones mínimas, pero cumplirla no siempre garantiza el mejor entorno posible. El objetivo, por tanto, no debe limitarse a eliminar factores perjudiciales, sino también a incorporar elementos que favorezcan el bienestar.
Color y biofilia en pacientes oncológicos
Durante su tesis doctoral en Biomedicina, Gómez-Vela estudió el efecto del color y la biofilia en pacientes oncológicos mediante un estudio de medidas repetidas.
La investigación partía de la hipótesis de que un ambiente cromático cálido podía resultar beneficioso para pacientes sometidos a determinados tratamientos de quimioterapia, como los basados en platino.
Los resultados mostraron una mejor percepción de la salud en las salas cálidas frente a las frías, habituales en muchas unidades de quimioterapia.
La biofilia también ocupa un papel relevante. La relación con elementos vinculados a la naturaleza proporciona una estimulación multisensorial que puede ayudar a restaurar la atención y reducir el estrés.
Una intervención sin detener la asistencia
Uno de los ejemplos expuestos corresponde a una unidad de tratamiento del dolor que atiende a 6.000 niños al año. La transformación se ejecutó durante dos fines de semana para evitar interrupciones en la actividad.
La Unidad del Dolor pasó a convertirse en la Unidad del Color. Se modificaron la iluminación y distintos materiales, se introdujo una temática biofílica y se evitaron colores oscuros en paredes, camilla y lámpara de tratamiento.
Tras la actuación, una auditoría externa detectó una mejora del 20% en el tiempo hasta obtener alivio del dolor agudo en los niños. También se registró una mejor percepción de la calidad asistencial y del trato recibido, junto con una reducción del tiempo de espera.
Los procedimientos y el personal se mantuvieron sin cambios.
Los pliegos también pueden impulsar la humanización
Gómez-Vela plantea tres líneas de actuación para las organizaciones sanitarias: formar adecuadamente a los equipos, incorporar una visión multidisciplinar en la toma de decisiones e introducir requisitos sobre el entorno en los pliegos de los concursos.
En este proceso deberían participar gestores, médicos, enfermería, pacientes, familiares y profesionales de ingeniería y arquitectura.
La propuesta se alinea con los planes de humanización de la asistencia sanitaria, como el desarrollado en la Comunidad de Madrid.
Cada reforma puede convertirse en una oportunidad
La arquitectura salutogénica no implica necesariamente grandes inversiones. Gómez-Vela subraya que la creatividad puede permitir aprovechar cada necesidad de cambio para mejorar los espacios.
Para los equipos directivos, esto convierte cada reforma, renovación o adaptación en una oportunidad para revisar cómo influye el entorno sobre pacientes y profesionales.
El reto pasa por integrar salud, bienestar y diseño en las decisiones sobre infraestructuras sanitarias, recuperando una idea ya defendida por Florence Nightingale en el siglo XIX: modificar el entorno también puede contribuir a mejorar la atención.