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El dolor neuropático se mantiene como uno de los grandes desafíos para los profesionales sanitarios. En España afecta a más de tres millones de personas y cada año se diagnostican alrededor de 400.000 nuevos casos, según los datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

El problema se enmarca en una elevada prevalencia general del dolor. Más del 30% de la población española padece algún tipo de dolor. Un 18% convive con dolor crónico durante más de tres meses y más del 5% lo experimenta a diario.

La situación adquiere especial relevancia en 2026. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor ha declarado este ejercicio como Año Mundial del Dolor Neuropático, con el objetivo de promover la investigación, avanzar en el diagnóstico y aumentar la visibilidad de una patología que afecta a entre el 7% y el 10% de la población mundial.

Un elevado impacto sobre la actividad asistencial

El dolor neuropático se produce como consecuencia de una lesión o disfunción del propio sistema nervioso. Se diferencia así del dolor nociceptivo, relacionado con lesiones, infecciones o enfermedades, y del nociplástico, vinculado a alteraciones funcionales en las vías que procesan el dolor.

Su importancia clínica es especialmente elevada entre los pacientes crónicos. Más del 60% de las personas con dolor crónico presenta, en mayor o menor grado, un componente neuropático.

Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente a partir de los 55 años y tiene una incidencia ligeramente superior entre las mujeres.

También supone una importante carga para el sistema sanitario. Aproximadamente la mitad de las consultas de Atención Primaria están motivadas por algún tipo de dolor. Hasta una cuarta parte de ellas podrían estar relacionadas con dolor neuropático.

El diagnóstico puede retrasarse durante años

Una de las principales dificultades sigue siendo identificar correctamente estos casos. Hasta seis de cada diez pacientes pueden tardar dos años o más en conseguir un diagnóstico preciso.

La coexistencia con otros tipos de dolor dificulta su reconocimiento. Además, el diagnóstico es fundamentalmente clínico y se apoya en los síntomas que presenta el paciente.

La SEN señala la identificación temprana como uno de los puntos sobre los que resulta necesario avanzar. Detectarlo antes no implica necesariamente eliminar por completo el dolor, pero un tratamiento adecuado puede ayudar a mantenerlo bajo control y reducir su repercusión sobre la vida cotidiana.

Este retraso diagnóstico supone un reto relevante para los distintos niveles asistenciales. Mejorar la formación de los profesionales puede facilitar la detección de sus características específicas y de otros problemas asociados.

Los tratamientos actuales presentan limitaciones

El manejo terapéutico constituye otro de los grandes retos. Con los tratamientos farmacológicos disponibles, menos del 60% de los pacientes consigue un alivio adecuado.

El dolor neuropático tampoco desempeña una función protectora comparable a otros tipos de dolor. El sistema nervioso puede interpretar como dolorosos estímulos que, en condiciones normales, no deberían provocar esa respuesta.

Su repercusión va mucho más allá del propio dolor. Hasta el 85% de los afectados en España considera que condiciona significativamente su calidad de vida.

Los trastornos del sueño afectan al 60% de los pacientes. Alrededor del 40% presenta fatiga crónica, mientras que un 34% sufre depresión y un 25% ansiedad.

Además, el 65% ha tenido que restringir actividades habituales. La duración también refleja la complejidad de la enfermedad: hasta un 40% de los afectados lleva más de cinco años conviviendo con el dolor.

Los equipos multidisciplinares ganan relevancia

Ante este escenario, la SEN considera prioritario mejorar tanto el diagnóstico como las opciones terapéuticas disponibles. Uno de los objetivos es impulsar tratamientos que mantengan su eficacia a largo plazo.

La organización asistencial también ocupa un lugar destacado. Los especialistas defienden reforzar los equipos multidisciplinares, con participación de neurólogos, profesionales de las unidades del dolor, rehabilitadores, neurocirujanos, fisioterapeutas, neuropsicólogos y psicólogos clínicos, entre otros perfiles.

Este modelo permite abordar no solo el dolor, sino también las comorbilidades psicológicas que pueden acompañarlo.

Diagnóstico temprano y formación, dos retos prioritarios

El Año Mundial del Dolor Neuropático sitúa el foco sobre una patología que sigue teniendo un fuerte impacto sanitario y social.

Para el sistema asistencial, el desafío pasa por reducir los retrasos en el diagnóstico, mejorar la preparación de los profesionales y avanzar hacia tratamientos más eficaces. La atención coordinada entre especialidades aparece también como una herramienta clave.

El objetivo es conseguir una identificación más temprana y un abordaje adecuado que reduzca el impacto de una enfermedad que continúa condicionando la calidad de vida de millones de personas.