Las enfermedades cardiovasculares representan una de las mayores cargas asistenciales y económicas para los sistemas sanitarios europeos. Más de 60 millones de personas están afectadas y estas patologías provocan más de 1,7 millones de muertes cada año. Su coste supera los 200.000 millones de euros anuales.
Sin embargo, una parte importante de esta carga podría evitarse. La evidencia disponible apunta a que hasta el 80% de los casos podrían prevenirse mediante una detección temprana y un mayor control de los factores de riesgo.
La Unión Europea quiere aprovechar ese margen de actuación. Su Plan de Corazones Seguros plantea reducir un 25% la incidencia de estas enfermedades para 2035. Una meta que obliga a trasladar las estrategias de prevención a medidas concretas y coordinadas entre los Estados miembro.
Un protocolo europeo para detectar antes el riesgo
Uno de los ejes de la estrategia pasa por reforzar los controles de riesgo cardiovascular. El plan contempla una propuesta de Recomendación del Consejo destinada a establecer un protocolo común en Europa.
El objetivo es favorecer la detección oportuna y el diagnóstico precoz. La Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (Efpia) considera que esta iniciativa ofrece una oportunidad para fijar nuevos estándares europeos de prevención.
Su propuesta tiene un punto de partida muy concreto: realizar una evaluación completa del riesgo cardiometabólico a los 35 años y repetir posteriormente estos controles de forma regular durante la vida.
La elección de esta edad responde, según la organización, a su relevancia para identificar factores de riesgo cuando las intervenciones preventivas todavía cuentan con un amplio margen de efectividad. Establecer una referencia temprana permitiría detectar perfiles de riesgo elevado décadas antes de que se produzca un primer evento cardiovascular.
La prevención entra en la agenda económica sanitaria
El planteamiento tiene también una dimensión financiera. Para Efpia, invertir en prevención puede traducirse en ahorros futuros al reducir la atención necesaria por enfermedades que podrían evitarse.
El efecto no sería inmediato. Los beneficios se acumularían progresivamente a medida que una mejor detección y control disminuyeran la carga asistencial.
La organización utiliza como referencia el programa de prevención cardiovascular del sistema sanitario británico. Las previsiones apuntan a que podría registrar un saldo positivo de la inversión para 2040. El retorno estimado a largo plazo alcanza 2,93 libras por cada libra invertida frente a un escenario sin programa preventivo.
Para los sistemas sanitarios europeos, sometidos al impacto económico de estas patologías, el argumento introduce la prevención como una herramienta no solo sanitaria, sino también de gestión de recursos a largo plazo.
Grecia apuesta por las invitaciones digitales
Efpia señala varias experiencias nacionales para mostrar cómo pueden trasladarse estos planteamientos a programas concretos.
Grecia ha desarrollado un modelo digital que envía invitaciones a personas de entre 30 y 70 años para realizar controles de salud cardiovascular.
El sistema ha conseguido impulsar más de 2,5 millones de análisis realizados de forma proactiva. Estos controles han generado más de 30.000 derivaciones destinadas a evaluar posibles enfermedades coronarias.
El modelo muestra el potencial de las herramientas digitales para localizar a la población objetivo y promover su participación en programas preventivos.
Polonia personaliza las pruebas tras un cuestionario
Polonia ha optado por un esquema periódico. El programa ofrece controles de salud cada cinco años a las personas de entre 20 y 49 años. A partir de esa edad, la frecuencia pasa a ser de tres años.
El proceso comienza con un cuestionario. Posteriormente se envía una referencia electrónica con recomendaciones de pruebas diagnósticas adaptadas a cada caso.
La respuesta inicial ha sido elevada. Durante sus primeros 100 días se completaron más de un millón de cuestionarios y el 87% dio lugar a la recomendación de pruebas específicas.
Este sistema combina periodicidad, herramientas electrónicas y personalización de las pruebas en función del perfil de cada ciudadano.
Irlanda refuerza el papel de atención primaria
El modelo irlandés concede un papel destacado a los médicos de familia. Estos profesionales participan en la vigilancia de enfermedades cardiovasculares y otras patologías como diabetes, asma y EPOC.
La intervención permite mejorar el seguimiento de indicadores como la presión arterial, el colesterol y los niveles de azúcar en sangre.
Según los datos recogidos por Efpia, este enfoque ha contribuido a una reducción del 30% de las visitas a Urgencias y del 26% de los ingresos hospitalarios.
De los programas nacionales a una estrategia común
Las experiencias de Reino Unido, Grecia, Polonia e Irlanda sirven a Efpia para defender una mayor coordinación europea. El siguiente reto será convertir los objetivos generales del Plan de Corazones Seguros en recomendaciones aplicables por los Estados miembro.
La propuesta de establecer controles desde los 35 años sitúa la detección temprana en el centro de esa estrategia. Para los sistemas sanitarios, la apuesta persigue un doble resultado: reducir el impacto de las enfermedades cardiovasculares sobre la población y contener una carga asistencial y económica que ya supera los 200.000 millones de euros cada año.