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Viajar en avión ya supone un desafío para el cuerpo humano debido a las condiciones de presión y oxigenación reducidas en la cabina. Sin embargo, un factor adicional que puede complicar la situación es el consumo de alcohol. Beber alcohol a bordo no es solo una práctica común entre los pasajeros que buscan relajarse durante el vuelo, sino que también puede tener serias implicaciones para la salud cardiovascular.

Cuando estamos a bordo de un avión, la presión de la cabina es aproximadamente similar a la que se encuentra a una altitud de 2.400 metros sobre el nivel del mar. Esta reducción en la presión atmosférica puede causar una disminución en la oxigenación de la sangre, conocida como hipoxia hipobárica. Si a esto le sumamos el consumo de alcohol, que por sí mismo tiene un efecto deshidratante y puede dilatar los vasos sanguíneos, la combinación puede resultar en una disminución aún mayor de la oxigenación y un aumento de la frecuencia cardíaca.

Para entender mejor cómo afecta esta combinación, un estudio fue llevado a cabo por Eva-Maria Elmenhorst del Instituto de Medicina Aeroespacial del Centro Aeroespacial Alemán. El estudio se centró en analizar a 48 personas bajo condiciones controladas de presión de cabina simulada y en condiciones normales a nivel del mar. Los participantes fueron sometidos a dos escenarios diferentes: uno en el que la presión de la cabina se mantuvo similar a la que se experimenta durante un vuelo comercial, y otro en condiciones normales. En ambos escenarios, se les administró una cantidad controlada de alcohol y se monitorearon sus niveles de oxigenación en la sangre (SpO2) y frecuencia cardíaca.

Resultados del estudio e implicaciones para los pasajeros

Los resultados del estudio fueron contundentes. Se observó una disminución significativa en los niveles de SpO2 en los participantes que consumieron alcohol bajo presión de cabina simulada, en comparación con aquellos que no bebieron. La reducción en la oxigenación de la sangre fue acompañada por un aumento notable en la frecuencia cardíaca, lo que sugiere que el corazón tenía que trabajar más para compensar la menor disponibilidad de oxígeno. Estos hallazgos son particularmente preocupantes porque indican que beber alcohol durante un vuelo puede amplificar los efectos adversos de la hipoxia hipobárica, poniendo una carga adicional sobre el sistema cardiovascular.

Para la mayoría de los pasajeros, estos efectos pueden ser tolerables y no causar problemas graves de salud. Sin embargo, la situación puede ser muy diferente para personas mayores o aquellos con condiciones médicas preexistentes, como enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Estos individuos pueden ser más susceptibles a los efectos negativos combinados del alcohol y la baja presión de cabina, aumentando el riesgo de complicaciones graves durante el vuelo. Además, la deshidratación causada por el alcohol puede agravar otros problemas de salud, como la trombosis venosa profunda (TVP), una condición en la que se forman coágulos de sangre en las venas profundas, generalmente en las piernas, y que puede ser potencialmente mortal si los coágulos se desplazan hacia los pulmones.

Recomendaciones

Dada la evidencia proporcionada por el estudio, es prudente reconsiderar la práctica de beber alcohol a bordo de un avión, especialmente en vuelos de larga duración. Las aerolíneas podrían considerar implementar políticas más estrictas sobre el servicio de alcohol durante el vuelo, y los pasajeros deberían ser conscientes de los riesgos potenciales para su salud cardiovascular.

Para aquellos que tienen condiciones de salud subyacentes o están en riesgo, se recomienda evitar el consumo de alcohol antes y durante el vuelo. Mantenerse hidratado bebiendo agua y realizar ejercicios ligeros durante el vuelo pueden ayudar a mitigar algunos de los efectos negativos de la presión de la cabina. Aunque tomar una copa durante un vuelo pueda parecer una forma inofensiva de relajarse, los riesgos asociados con la combinación de alcohol y la presión de la cabina no deben subestimarse.